Daniel es un chico extraordinario, un joven con muchas ganas de comerse el mundo a pesar de las dificultades que la vida le ha reservado. No le asusta nada y trabaja duro para lograr sus metas, es pura ilusión.

Gracias a la Fundación Verón realizó unas prácticas de empresa dónde personalizaron un proyecto para adecuarlo al tiempo del que disponían y a sus conocimientos. Para situaros, Daniel acaba de terminar 1º de Ingeniería Informática en la Universidad Politécnica de Madrid.

Este ha sido su primer contacto con el mundo empresarial. Sí que a través de la ONG AIPC Pandora y la Fundación Tomillo tuvo la increíble experiencia de participar en un voluntariado en Sudáfrica, pero las compañías exigen otro ritmo y otro engranaje.

Durante las prácticas a Daniel se le veía encantado, concentrado, absorbiendo todo lo que tenía alrededor, desde cómo se construyen verdaderas relaciones de amistad en una empresa, hasta el peso que cada uno de los departamentos, de los equipos, tienen en el desarrollo de la actividad y como su especialidad es fundamental para todos.

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Le preguntamos acerca de sus impresiones y nos encantó oír que le habían servido personalmente, para ratificarse en su elección, su carrera es la que quiere hacer, desde la que quiere construir su vida profesional. No sé qué opináis vosotros, pero tener las cosas claras es un magnífico comienzo para quien sea y para lo que sea.

Por otro lado, nos decía “he tenido la oportunidad de adquirir conocimientos prácticos que pertenecían a distintos campos y que no sabía cómo se conjugaban en la realidad. Tener una visión global es una gran ventaja. Me ha ayudado a entender la interrelación entre asignaturas que yo estudiaba de forma totalmente independiente y a sentar las bases para futuras explicaciones”

Daniel estaba contento y agradecido, porque, aunque tiene sus preferencias dentro del mundo de la informática, ahora mismo, está abierto a todo y, si puede aportar algo de creatividad, mejor.

Las dudas iniciales sobre la utilidad de unas prácticas en una etapa tan temprana de la carrera, se nos han despejado, realmente sirven para centrar y motivar a nuestros futuros profesionales y para que conozcan sin idealizaciones cómo es de exigente el día a día en una empresa sin que ello suponga que haya negatividad, todo lo contrario.  

Daniel ha supuesto sólo el principio de una actividad de la Fundación Verón en España, porque a él le seguirán otros y, desde luego, agradecemos al equipo de informáticos que se ocupó de su formación, el esfuerzo de adaptación y su disponibilidad para que el tiempo que nuestro becario pasó con ellos fuera así de productivo.

Para terminar os dejo con un vídeo en el que él mismo os cuenta cómo se ha sentido