Siempre puedes ayudar, pero hay que aprender a ayudar

Aprender de nuestra capacidad para ayudar a los demás, nos hace ser conscientes de que podemos ser un impacto positivo en el mundo de otros.

 

Este mes hemos celebrado la Semana de la Solidaridad de la Escuela del Vidrio de Honduras. Una semana en la que nos hemos acercado a comedores sociales, centros infantiles y centros de adultos-mayores para llevar alimentación con el Food Truck Solidario, ya que es parte de su misión. Pero también hemos querido inculcar y aflorar un valor muy importante a nuestros jóvenes: la solidaridad.

Muchos piensan que no pueden ayudar a nadie, ya sea por su perfil de bajos recursos, por baja autoestima, etc. Pero con estas actividades ahora saben que TODOS podemos ayudar y que no depende más que de la voluntad de uno mismo. Y es aquí donde viene la pregunta: ¿qué viene antes: la solidaridad o la autoestima?

Hay diversos artículos que hablan de cómo ser solidario o hacer un voluntariado te aumenta la autoestima. Pero ¿y si es al revés? ¿y si nos proponemos ser solidarios porque primero hemos creído en nuestras capacidades? En mi opinión ese es el camino. Porque cuando uno se lo propone, no piensa (o no debe) en cómo le afectará a él sino en cómo puede impactar en su entorno de forma positiva.

Hay que aprender a ayudar

 

¡Muchos cuidado! Porque la solidaridad mal entendida puede hacer más mal que bien. Todo gesto tuyo tiene un aprendizaje en el otro, es una básica en el entendimiento entre los seres vivos. 

Recuerdo hace 10 años, cuando tuve mi primera experiencia de voluntariado internacional, en la formación que realizamos antes de salir nos hacían una pregunta: Si un niño se acerca a ti sin zapatos y te pide los tuyos, ¿qué harías? Algunos no dudaron en darle sus zapatos a aquel niño. Pero como os decía, tu gesto tiene un aprendizaje. Ese niño ha aprendido a pedir y no a esforzarse, y el resto de niños y adultos, que también viven en necesidad, más de lo mismo. No somos Los Reyes Magos, no podemos aparecer allí e ir dando regalos y tirando caramelos. Lo que hay que hacer es aprender, escuchar, observar, inmergirte en la vida del otro y empatizar con sus necesidades reales a largo plazo. Porque tú luego te vas.

Aquí os dejo algunos consejos para hacer de vuestras ayudas o voluntariados algo de Impacto:

 

  • No hagas en otro país/lugar lo que nunca harías en el tuyo.
  • No pienses que porque tu vida «es mejor», lo que tú piensas es lo adecuado. No impongas tus realidades como la solución. 
  • No pre-definas a la persona o colectivos a los que vas a ayudar. Conócelos.
  • Se humilde y aprende todo lo que puedas de ellos. Estás en su terreno.
  • Aunque habléis castellano, no significa que habléis el mismo idioma. Y los gestos, cuentan.
  • Ante todo, cualquier cosa que hagas, siempre hazla desde el respeto; estás entre iguales.

 

Y por supuesto, deciros que hay que ayudar pensando en que, en un momento dado, lo que hacemos se ha de quedar allí, sin nosotros. Lo que hagamos  para otro ya no es nuestro y, para que sea efectivo a largo plazo, ha de tener vocación de permanencia.

 

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