Problemas, todos. Diario 3.

El viernes pasado estuve por la mañana en la Fundación Botín con el Grupo de trabajo Educativas, organizado por la AEF (Asociación Española de Fundaciones). 

La reunión estuvo compuesta por fundaciones que tuvieran que ver con el sector educacional. Y, al ser la primera reunión, solo dió tiempo a presentarnos, hablar un poco de las problemáticas contra las que luchamos y poco más. 

El caso es que presencialmente había miembros de Mapfre, La Caixa, La COPE, dos periodistas y otras dos fundaciones como Verón, pequeñas, para ser claros.

Yo no sé porqué pensaba que la conversación iría bastante fluida, pero, como me doy cuenta ahora, las primeras veces siempre se atascan un poco. Cuando ya nos acercabamos al meridiano de la reunión, y todavía no nos habíamos presentado todos, se sacó la carta de “el futuro de la educación”. Que si formación dual, que si los chavales, que la pandemia, que tal, que cual. Una vez la caja abierta, tuvimos que presentarnos los que faltábamos por hablar y yo me empecé a poner nerviosa.

Primero fueron los participantes que estaban de manera online y luego nos tocó a los que estábamos de manera presencial. Una de las fundaciones que habló, resaltó el dato de que tras la pandemia tenían a un gran número de estudiantes en cuarto de primaria que todavía no sabían leer. Otras hablaron de cómo combatir el abandono escolar, otros de clases de ética etc. 

Luego seguimos los que estábamos de manera presencial, me pasaron el micro y temblé un poco, creo que hasta balbucee, la cosa es que hable de Fundación Verón, de que tenemos un colegio en Honduras y que le damos muchísima importancia a la, ya comentada, educación dual, básicamente porque sino es muchísimo más complicado que encuentren trabajo. Y luego vino la frase que se me repitió desde que salí de la reunión hasta que llegué a casa: “Y bueno, a ver, ¿problemas? Todos”. Hablé de que Honduras era uno de los países más pobres y con más corrupción de Centroamérica y que, como habían comentado otras compañeras anteriormente, teníamos muchos jóvenes con problemas de autoestima y con necesidad de ayuda psicológica. Todo esto aquí no suena tan mal, la cosa es que no lo conté cómo me habría gustado. Y tengo la sensación de que ese “todos” se podía leer como una carrera para ver qué fundación tiene más dificultades (obviamente para nada).

Simplemente no fui capaz de centrarme en ninguna, en explicar algunas, me salió solo. Es que si hablamos de problemas los tengo todos, no sé por dónde empezar, sin agobiar al resto y sin agobiarme yo. Padres y madres analfabetos, falta de todo tipo de recursos en las casas, falta, por supuesto, de autoestima por parte del alumnado (que a todo esto, titánico el trabajo que se hace por parte del profesorado respecto a este tema), con el covid había que dar comidas, había que poner puntos de acceso a ordenadores para que nuestro alumnado recibiera las clases, muchos de nuestros chicos no tienen más de unos pantalones, embarazos súper tempranos, barrios peligrosos. Y absolutamente todo afecta a la forma de educar, de concebir y de entender la educación. La labor ya no es solo enseñar matemáticas y cortar vidrio o hacer pan. No, se extrapola a todo, es darles comida, es enseñarles a hablar bien, a cuidar de sus compañeros, a cuidar del material que hay en la escuela, a portarse bien, a concentrarse, a tener metas en la vida, a trazar un plan de vida, a ir más allá. Todos nuestros alumnos sueñan con sacar a sus familias de la situación en la que están. Me lo contó una alumna de onceavo en las clases de comunicación, y todos asentían. Todos trabajan durísimo para poder darles a su familia algo más. 

Bueno, lo que venía a decir es que, estuvo bien, la próxima no me pilla por sorpresa. Estuvo bien porque había gente interesantísima en la sala, hablando bien, exponiendo ideas hablando de la importancia de la educación cívica, que parece que el mundo mismamente maleduca a los más jóvenes sin que podamos hacer mucho, donde la guerra parece que sí es una opción. 

Y entre todo esto, salió una frase que me hizo cosquillas: “quien más comparte es quien más gana” no sé si será verdad o mentira, pero vamos a ser de los que dice y cree que es verdad, porque sino poco sentido tiene todo, la verdad. 

Termino diciendo que fue inspirador, que me apetece volver a poner las cartas sobre la mesa, esta vez, con menos temblor de manos. Y, hablar de lo verdaderamente importante, del futuro. De nuestros jóvenes, de aquí y de allá.



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