Franklin es un tipo estupendo y, cuando nos escribe, siempre hace aflorar una sonrisa que nos llena de optimismo. De él os hemos hablado en alguna ocasión, porque fue alumno de La Escuela del Vidrio y luego entró en el Programa de Aprendizaje LAHAT, dónde aprovechó al máximo los contenidos relativos a organización empresarial.  Se puso en marcha y al inicio del año, gracias al Fondo de Jóvenes Emprendedores de la Fundación Verón, pudo abrir su propio negocio, su propia barbería: LA BARBERÍA DE FRANKLIN.

Literalmente la tuvo que construir, porque el lugar no contaba ni con ventanas ni con tejado, pero ahora ya está pensando en agrandar el local o hacer una sala de espera y comprar una silla más profesional, todo en cuanto pueda permitírselo. A él le preocupa seguir mejorando, pero no sólo en lo relativo a la arquitectura, sino también en el servicio.

Estudia el resto de los negocios para aprovechar la profesionalidad y experiencia de los demás barberos y él mismo nos dice “el truco para mantener y ganar clientela es brindar un buen servicio y una atención de calidad…”  Así, obvio, ha ido fidelizando y ganando nuevos clientes, y seguro que le esperan muchos más.

Cortes Franklin

Como Franklin hay muchos otros jóvenes que sólo esperan tener la oportunidad, aprovecharla y cambiar su destino. Necesitan una formación que sin ayuda les sería imposible alcanzar y un punto de partida, tienen nombre, rostro, familia, sueños… y por eso queremos que los conozcáis, como son, para que nunca se conviertan en sólo números de estadísticas y compartáis la alegría de verlos avanzar.

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