Durante este mes de marzo, Julius Bienert, Pablo Fernández-Maquiera y Paco Udina, han desarrollado diversos proyectos en Honduras. Nos han regalado su tiempo y su saber hacer, han cogido las maletas y se han trasladado a la Escuela del Vidrio en El Progreso para que sus alumnos, sentimentalmente nuestros alumnos, adquirieran nuevas competencias.

Para quienes no los conozcáis:

Julius es cocinero, formado en la escuela de Arguiñano, pero no sólo eso, es presentador de televisión, escritor de varios libros, en definitiva, es también un comunicador nato. Supongo que para los chicos debía ser una presencia un poco imponente al principio, sus casi dos metros de estatura, sus movimientos rápidos, su alegría natural… debió insuflar energía a todos, además de enseñarles cómo hacer extraordinario un plato ordinario.

Pablo es un profesional de la comunicación audiovisual, conoce cada herramienta que vincula al marketing digital, sabe aprovechar los recursos disponibles en la red como nadie y genera ideas a un ritmo poco común. Sus alumnos han aprendido que ya no hay fronteras para darse a conocer y que hay que tener cuidado con lo que se publica, porque la red no es ningún juego.

Paco es el talento y la creatividad pura puesta al servicio del diseño gráfico y el branding, ésa parte del marketing tan importante que luego define la empresa, el producto, la marca… Se mueve un mundo que trata de hacer tangible lo intangible, en el que el mensaje va mucho más allá de la simplicidad de una imagen. Enseñar la complejidad de un proceso creativo es un desafío con mayúsculas.

Con Paco hemos tenido la oportunidad de hablar a la vuelta de su viaje y, sinceramente, las sensaciones que nos transmite van desde la ilusión de estar implicado directamente en la formación de estos chicos, y la felicidad de ver sus reacciones, a la preocupación por la situación (coyuntural y personal) y la insatisfacción por no poder hacer más, tener más tiempo…  desprende humanidad.

Primero nos ha contado cuál era su proyecto. Consciente de que su tiempo era escaso y de que la práctica sería fundamental, sin olvidarse de impartir algunos fundamentos teóricos, diseñó su programa. Abordó la teoría con videos, se apoyó también en algún manual de identidad corporativa, para que vieran cómo se desarrolla un logotipo, y les hizo enfrentarse a la temida hoja en blanco: ¡¡¡a dibujar!!! Con su guía, eso sí, que de primeras ya te sitúa en otro nivel. Les hizo familiarizarse un poco con el programa de Adobe Illustrator, nada fácil, todo un reto para las dos partes, os lo aseguro, pero pudo percibir en los chicos, su interés, sus ganas, su motivación, su esfuerzo, los vió disfrutar y eso no tiene precio. El resultado fue que todos lograron llegar a una creación personal diseñando cada uno su tarjeta o la de una empresa inventada. Paco es así, no lo puede evitar, así que, aquéllos trabajos que no se pudieron concluir por falta de tiempo, los terminó él mismo para que los alumnos contaran siempre con una referencia personal  y singular que les sirviera de guía.

Le hubiera gustado continuar con el diseño de una carta de restaurante, pero sólo hubo ocasión de explicarles cómo se desarrollaba este tipo de trabajo, le dió pena no hacerlo, pero es mejor la excelencia que la cantidad, así que, no había elección.

También nos habló de sus impresiones, positivísimas, porque tanto en el equipo docente como de gestión, que se ocupan del día a día de La Escuela,  percibió esa generosa involucración que hace la sitúen en una de las de mayor calidad en la zona, además de ser única en su especie. Hablando de los chicos, admira su disposición, porque viven realidades muy duras, su agradecimiento por tener una oportunidad, que luego revierten en su comunidad, como David, cuyo emprendimiento y estudios universitarios, son un ejemplo.

Paco nos lo dice todo al contestar a nuestra pregunta sobre cómo le gustaría que se transmitiera la magia de un voluntariado:

“El voluntariado no se puede transmitir, hay que vivirlo”