Nadie niega que la educación es la única manera de cambiar el mundo para mejor, que el acceso a la misma en condiciones de igualdad y con calidad, sería el arma más efectiva para un desarrollo sin límites y, sin embargo, con todas las posibilidades de comunicación global que tenemos al alcance, sigue siendo un planteamiento ideal y, además, la profesión de docente es hoy  una de las menos valoradas. ¿Dónde está la lógica?

Las innovaciones en educación parecen iniciativas individuales de aquellos profesionales a los que no les importa experimentar, la mayoría de las ocasiones, sin medios, sin apoyos y por supuesto, sin una remuneración que acompañe a sus éxitos o soporte sus investigaciones. Si no fuera porque no hay recompensa mayor que ver a una persona crecer en todos los sentidos, casi no se entiende su lucha. Pero si hay algún colectivo seguro de este axioma, son ellos.

La educación tiene que adaptarse en contenidos y formas, porque ya no vale el modelo de clase magistral, es absurdo, aunque en él basaron casi todos ellos su formación como docentes. Hoy deben guiar hasta a quienes saben más que ellos en el uso de las herramientas que deben emplear, la tecnología es increíble, pero no respecto al fondo,, porque la lógica, la reflexión, la aprehensión y valoración del conocimiento, la madurez que se adquiere aprendiendo… todavía no vienen dados por ningún programa o App. Los profesores deben saber formar para que cada uno de sus alumnos tenga la mejor base para entender lo que todavía ni siquiera existe, ¿cómo? Escuchando, observando, formándose continuamente, poniéndose en los zapatos de sus alumnos, manteniendo una mente abierta y adaptándose, conscientes de que la personalización en la educación hará aflorar el mejor potencial de cada uno y de que motivarlos y “engancharlos” siguen siendo sus retos.

Crear magia, una charla ilustrativa y pasional, de quién sabe que no es lo mismo saber que saber comunicar y nos lo cuenta.

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