Cuando pensamos en “innovación” tenemos la tendencia de pensar en tecnología. La innovación tiene muchas facetas y es aplicable a todo lo que conocemos. Porque la innovación es cambio, es evolución y es creatividad; pero sobretodo porque la innovación es humana.

En economía podemos encontrarnos a Joseph Schumpeter y su Teoría del Empresario Innovador o Teoría de las innovaciones, ya que al fin y al cabo, el concepto es aplicable a todos los ámbitos.

Si partimos del punto en el que la empresa está en una situación de equilibrio, nos encontramos que éstas en su actividad normal, remuneran, compran, venden, etc. y obtienen los beneficios habituales. Es en este punto cuando si el empresario es innovador, rompe este equilibrio, lo cual eleva la actividad normal (rentas más altas, mayores inversiones etc.). Esta subida se mantiene hasta volver a una nueva situación de equilibrio. En este periodo de elevación de la actividad es cuando se genera el desarrollo económico y los avances sociales, siendo, según Schumpeter, el empresario el motor y promotor.

Schumpeter clasifica las fases en: Invención (creación o descubrimiento), Innovación (puesta en marcha) e Imitación (generalización y competencia).

Si abrimos esta teoría a la innovación social, ocurre del mismo modo cíclico. El término innovación social se refiere a un proceso de creación, imposición y difusión de nuevas prácticas sociales en áreas muy diferentes de la sociedad. El objetivo en este caso es precisamente generalizar las mejoras sociales; es decir es una solución nueva a un problema social la cual es más efectiva, eficiente, sostenible o justa que la solución actual, cuyo valor agregado aporta principalmente a la sociedad como un todo (Standford Graduate Schoo for Business).

La palabra innovación nos remite necesariamente al ser humano, como artífice fundamental de todos los cambios, mejoramientos y modificaciones que hoy se perciben en el entorno.

Pero, ¿cuáles son las claves que hacen a los humanos innovadores?

Conocimiento: lo cual implica tanto el Aprendizaje como la Capacidad de Cuestionar la realidad la realidad cultural, el aprendizaje y los estudios, son una herramienta fundamental para amueblar el pensamiento para ser capaz de generar soluciones o mejoras alternativas a las que ya existen.

Creatividad: el pensamiento creativo como inteligencia resolutiva, nos permite generar nuevas ideas, o nuevas asociaciones entre conceptos, que producen soluciones originales.

Atrevimiento: autoconfianza, autoestima y seguridad en uno mismo. Si no te atreves a intentarlo, no serás innovador.