Solidaridad, Organización para el Reparto de Alimentos a las familias de los alumnos más necesitados en la emergencia creada por el Covid-19

Emergencia cononavirus. Solidaridad, Honduras y tú

La Escuela del Vidrio en Honduras necesita tu ayuda para seguir ayudando a sus alumnos y a sus familias.

No penséis mal, los imperativos no son lo nuestro, si el mensaje parece un poco perentorio, es porque tenemos encogida el alma. El drama de los contagios por Coronavirus aquí es difícil, todos sabemos de situaciones terribles, al límite, tanto familiar como social y económicamente hablando. Antes de que «esta plaga» nos azotara como lo está haciendo, pensábamos: «estamos lejos, estamos preparados, podremos controlarlo». Bueno, pues en eso estamos, pero aún nos falta un trecho que promete ser duro. La realidad siempre supera a la ficción.

Ahora imaginadlo, saltad el charco, vivís en una aldea hondureña llamada Camalote, una zona rural, pobre, dónde el trabajo es precario, los accesos complicados, las casas suelen constar de una única estancia, y la temperatura supera los 35º C húmedos. Aunque se pensó que las altas temperaturas matarían al virus, en Honduras también ha empezado a extenderse la pandemia y, con el resto del mundo como referente, se han tomado las medidas lógicas: primero el cierre de las escuelas, luego el cierre de los negocios, luego el control de los mercados y finalmente la limitación de movimiento de la población.

¿Qué efectos tiene esto en un centro como La Escuela del Vidrio? Sus estudiantes son seleccionados por vivir en condiciones ya desfavorables, proceden del Camalote y de otras aldeas vecinas, muchos de familias desestructuradas, cuyos principales ingresos son irregulares y provenientes de trabajos precarios como limpieza de casas, cuidado de niños, vigilancia… y en situaciones así, se volatilizan. Protección Cero. De hecho, para muchos, la única comida real que hacían, era la que incluía su beca en la escuela. Ahora se encuentran con que son una boca más en casa y, para colmo, no pueden colaborar.

Ya tenéis el escenario, pero ¿sabéis la reacción? Aquí no se rinde nadie. Desde el inicio se coordinaron todos, personal de la escuela y voluntarios, para hacer un reparto de alimentos a cada familia confinada, daba igual su ubicación, se priorizaba su situación, nada más. Se solicitaron todos los permisos, se organizaron los paquetes según el número de miembros que compusieran cada familia y se distribuyeron desde arroz, frijoles, jabón… (tranquilos, papel higiénico también). Todo lo que se podría necesitar para una semana. Tampoco se olvidaron de aquellos exalumnos que podían estar viviendo un momento complicado por el parón de los negocios que habían tenido el valor de emprender. Ahora ya se está gestionando la siguiente entrega y os aseguro que no es nada fácil.

Por otra parte, aunque poseer un ordenador es casi imposible, los móviles están más o menos popularizados, bueno, no son última tecnología, pero son un dispositivo que en muchos lugares les permite estar conectados. Algunas familias cuentan con un smartphone, y otras con un teléfono móvil básico. Un problema añadido es el acceso a Internet, ya que lo hacen por recarga y eso afecta a la economía familiar. Aunque, os aseguro que hacen todo lo posible para continuar las tareas y los maestros los motivan y asisten.

Y así, los profesores han conseguido enviar contenidos docentes o llamar a cada alumno, para que no se pierda parte del curso, y tareas para hacer desde sus casas. Algunos han respondido enviando imágenes de sí mismos estudiando. Es bellísimo. Lógicamente, la parte práctica de sus especialidades técnicas (La Escuela del Vidrio imparte dos grados de F.P.: uno en Vidrio y otro en Hostelería y Turismo) tendrán que recuperarse más adelante, pero no faltan ganas, son jóvenes que nunca desfallecen. Son absolutamente conscientes de lo que la formación puede significar en su futuro y no piensan renunciar por más que se compliquen las cosas, están acostumbrados a luchar y contagían fuerza a su alrededor.

Y no, no son unos números de estadísticas de situaciones de riesgo, tienen nombre y apellidos, y sueños, para que conozcáis a algunos, son, por ejemplo:

Estefani Rosalba, ella estudia cocina y turismo, se graduará este año de la formación técnica, pero aún le queda uno más para finalizar la educación básica, 9º. Luego podrá acceder al Bachillerato.

Edras Salomon, él está cursando 3º de vidrio y ya está en noveno grado.

Isis Joheli, 3º de cocina y turismo, pero aún en séptimo grado, le quedan un par de años para alcanzar el bachillerato, igual que Selvin Jesús.

¿Algunos más?

Kristel Lizet (2º de cocina y turismo); Bayron Josue (2º de Cocina y Turismo); Perla Jazmín (2º de vidrio) o Eduin David (2º de vidrio) … y así hata llegar a 100.

Ayúdanos a ayudarlos, dadles voz, sé parte de la solución.

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