Ellos NO están de vacaciones

Es veranito y, aunque esta pandemia haya sumado a la alegría de la luz y el calor un poco de temor y prudencia, muchos seguimos siendo adictos al ocio social.  Ese vinito/cerveza al caer la tarde con amigos (por supuesto, ahora en grupos más pequeños) sigue siendo una tentación casi irresistible. En España lo vivimos así.

Los estudiantes por fin han acabado el curso. Después de la EBAU más anómala de la historia, ahora sí, universitarios, preuniversitarios, estudiantes de FP y ciclos técnicos… todos aquí están de ¡vacaciones!

Pero, vámonos a Honduras. Allí el calendario académico coincide casi con el año natural, así que, los centros permanecen cerrados por el dichoso virus, pero ellos NO están de vacaciones.

Hace un par de semanas os contábamos cómo se sentían los profesores de la Escuela del Vidrio. En ellos vimos reflejada el alma del verdadero MAESTRO, ésa que es atemporal y que no depende de los recursos de los que disponga, sino de su voluntad de EDUCAR. Ahora le toca el turno a sus ALUMNOS.  Por cierto, mayúsculas y negritas no son casualidad, son la voluntad de llamar la atención sobre su significado.

Las salidas hoy son sólo un recuerdo

También son historias personales, pero nos dejan entrever el sentir de todos sus compañeros.  Y como en La Escuela del Vidrio se imparten las especializaciones de Vidrio y Cocina, además de la enseñanza reglada, hemos hablado con un estudiante de cada una de ellas y con uno especial. Él se llama Alexander y acabó sus estudios en vidrio, pero decidió permanecer en la Escuela perfilando aún más su formación en el taller LAHAT.

LAHAT es una especie de «Máster» práctico de dos años de duración en el que los graduados reciben orientación como emprendedores, al tiempo que se profundizan en diversas técnicas, diseños, presentaciones a clientes y otros contenidos para que incluso puedan plantear su propio proyecto de empresa sostenible al finalizar.

A.W.C.M. había empezado a estudiar Cocina, bueno, nada de pasado, estudia Cocina en la E.V.  Todo era ilusión, porque la cocina nos conecta con las cosas sencillas, con la naturaleza, con lo nuestro. Olores, sabores, texturas, un poquito de alquimia y un poquito de imaginación, conforman un universo que va más allá de la mera alimentación. No sólo es un futuro profesional, es una forma ver y vivir. Ahora todo queda aplazado. Si bien los conocimientos teóricos se pueden adquirir en casa, ésos que tienen que ver con la nutrición, con las combinaciones, con la teoría de las recetas, el andar entre fogones con los compañeros, ha quedado aplazado y lo echa de menos, muchísimo.  No quiere estar de vacaciones, quiere volver a la Escuela.

Creo que todos compartimos con ella, además, ese vértigo que produce el saber que “Todo puede pasar en poco tiempo” Ahora ya no nos sentimos tan dueños de nuestra vida, de repente, no es “nuestro imprevisto” sino el de TODOS.

Y.G.F.M. estudia la especialización del vidrio. Es dulce y positiva, y ella está disfrutando de su familia porque normalmente tienen poco tiempo para compartir. ¡Casi ahóra se están descubriendo! Tiene problemas para poder conectarse, le hace falta un móvil que de verdad funcione, y eso le está causando algún quebradero a la hora de seguir las clases y contactar con sus compañeros. Eso, y el no poder acceder a la maquinaria que utilizan en la Escuela, claro pero, aprovecha en casa para dibujar, cocinar y hacer manualidades. Como los demás, está deseando volver.

La Graduación.

Alexander Molina, es un alumno especial, utilizo su nombre completo porque es mayor de edad y me ha dado su consentimiento para ayudarme en este artículo. Él acabó el Bachiller en Humanidades y la especialización en Vidrio, pero quería adquirir más experiencia, estar más preparado, así que no dejó pasar la oportunidad de seguir formándose en la start-up que la Escuela creó con este fin: LAHAT. De hecho, si pudiera continuar con otra carrera y avanzar todavía más, no se lo pensaría dos veces.  Ahora el Centro es como su otra familia, dónde sabe que puede contar con el apoyo de los profesores, a los que agradece que durante este contratiempo estén siempre pendientes de ellos, dónde respira confianza, dónde es feliz.  

Hemos aprovechado para preguntarle por alguna anécdota y por supuesto, nos habla con orgullo y cariño del día de su graduación. Todo el esfuerzo, todo el sacrificio, se ve recompensado. Pero también nos cuenta: “en una celebración del día del estudiante, nos llevaron a un balñario (nuestro equivalente a una piscina natural) dónde los profesores organizaron juegos. Lo pasamos súper bien y fue una experiencia inolvidable” Sinceramente, no sé cómo transmitir el valor real de estas historias, porque, si para todo estudiante es difícil llegar al final, aquí la constancia, el esfuerzo, la motivación, la voluntad, el afán de superación, se tienen que redoblar para lidiar con unas realidades difíciles. Ellos están ganando la partida y necesitan nuestro apoyo. Por favor, disfruta de #serpartedelasolucion.

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