De lo que no se habla. Diario 2.

La primera semana estuvimos dando clases, yo daba clases de comunicación y Patricia de inglés. Las dábamos a todo el colegio, a los nueve grupos en los que se dividen nuestros 137 alumnos. Dimos dos clases por grupo y aprendimos (como buen voluntario) mucho más nosotras que ellos. 

Mis clases de comunicación se basaban en sacar alumno por alumno a la pizarra, para que así perdieran la pena (como llaman ellos a la vergüenza) de hablar en público. El trabajo era sencillo, cada alumno debía presentarse y contar algo interesante sobre sí mismo, hacer un poco de ejercicio de introspección y contar cómo les gustaría ser vistos a los ojos de otros, dependiendo del curso iba cambiando las preguntas, se complicaban y se enredaban dependiendo del grupo y del alumno. 

El problema venía cuando tenían que desarrollar el porqué. “Quiero que me vean como una persona amable” o “mi sueño es abrir una panadería” no nos servían. El trasfondo de la comunicación es crear conexiones, emocionar con una frase al que te escucha, conseguir que entiendan cosas más complicadas. Por eso las preguntas eran sencillas, básicamente porque con una pregunta sencilla también se puede dar una respuesta brillante. Y las hubo, sí que las hubo. Hubo lágrimas y risas, como en la vida misma. El segundo día de clases, con uno de los grupos de mayores, pedí que salieran a la pizarra a explicar su día favorito, pero lo que hicieran con emoción, buscando el trasfondo de ese día especial. Casi al final de la clase salió una chica a decir que ella no tenía día favorito, y todos nos reímos porque pensábamos que era la típica excusa. Luego ella, después de reírse con la clase, se puso seria, y contó que había sufrido maltratos de pequeña y que había sido durísimo encontrar sentido a los días desde entonces, pero que gracias a psicólogos y a la ayuda de los profesores había conseguido parar la ola de pensamientos nefastos. Nos quedamos blancos, callados, parados. Ella continuó diciendo que lo contaba por si alguien necesitaba oírlo y por si alguien estuviera pasando por una situación parecida, para que no se sintiera sola o solo, para que supiera que el primer paso es contarlo. Y que no, todavía no tenía día favorito, pero cada vez se acercaba más a esa meta. 

Como os digo, hubo lágrimas, lloró casi toda la clase. Después hablamos de lo que no se suele hablar. Bueno, hablamos no, hablé y ellos escucharon. Dí las gracias por el testimonio y perdí perdón con el corazón en mano. Hablé de la gente fuerte y de ella, de todo lo que no sé. No os voy a mentir, lo hice como pude, hablé de los testimonios que nunca he tenido que dar, de la fortaleza que no sé si tendría si estuviese en su posición, hablé de las denuncias que nunca he puesto, que nunca he vivido. No mentí. No quiero decir eso, simplemente me pusé en su piel y le dí las gracias por contarlo, por lo duro que era (que pensaba y pienso que es) hablé de la importancia de los testimonios y de lo complicado que resulta a veces que te escuchen. Hablé del papel del oyente, de nuestra responsabilidad como espectadores de atrocidades. También pedí voces, pero nadie quiso hablar. Sólo había ojos muy abiertos y llorosos.

Y entonces, me di cuenta. Que Honduras en estos temas es una verdadera trinchera, que tenemos a muchísimas chicas pasando por lo mismo, a muchísimas madres solteras que nos agradecen lo más grande lo que estamos ofreciendo a sus hijos e hijas. El futuro que ellas no tuvieron, porque se casaron antes, porque tuvieron hijos a los 14, porque supuestamente solo valen para eso. Entre 2020 y 2021 seis de nuestras alumnas abandonaron la escuela por embarazo.

De verdad, no os hacéis una idea del trabajo de campo que hay aquí. De que las brechas tristemente no son sólo digitales. Y del trabajazo que llevan a cabo los docentes en estos temas. Personalmente ese trato tan personal solo lo había visto en pelis como Diarios de la Calle (la vimos en el cole y a mi me encantó). Y me dí cuenta, que estas cosas siempre están basadas en hechos reales, simplemente nunca me había topado con gente que se mereciera un peli, un monumento, y millón de agradecimientos diarios como se lo merecen muchos de los profesores que tenemos en la Escuela.

Por último, solo decir, que justo hoy a vísperas del 8M, puedo decir escribir con orgullo que en este equipo sí cambiamos las vidas de muchas chicas, les damos la alternativa, los profesores les dan la fuerza para seguir, para venir a clase. Muchas se van con hombres a temprana edad porque prefieren eso que la dureza de seguir en sus casas. Y es duro, y el 8M todavía tiene trabajo. Todos y todas tenemos trabajo que hacer. Feliz día de la mujer trabajadora hoy y siempre. Ayúdanos a seguir con la importante labor donando o dándonos a conocer. Todo ayuda.

 

 

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