Viajes, buenos y malos. Diario 4

Habemus noticias. Las fronteras de ayudas de Fundación Verón aumentan. Estas últimas semanas nos hemos metido en el ojo del huracán, en Ucrania, porque cómo no íbamos a hacerlo. 

Nuestra agendas cambiaron cuando llegaron las tres musas a Madrid (nombre de este proyecto) tres pedazo de artistas procedentes de Kiev, que hablan español, pintan, cantan, y sonríen mucho. Poca broma para la época en la que estamos. 

Estas tres musas son familia, y han llegado a España tras un largo mes de viaje de incertidumbre, la cual, como no, sigue presente y lo seguirá estando hasta que dejen de bombardear sin piedad su país. 

El caso, desde que llegaron, nos hemos centrado en conocerlas, en que se estabilizaran y se familiarizaran con Madrid y con nosotras. Son majisimas y nos hemos llevado muy bien. Hicimos unos cuantos planes divertidos porque nos parecía fundamental que se evadieran un poco de la situación actual. La primera excursión que hicimos fue al Museo del Prado y, como buenas artistas que son, se enamoraron. (A todo esto, podéis saber más de ellas en nuestro apartado de proyectos.)

También nos fuimos a La Real Fábrica de Cristales de La Granja de San Ildefonso con nuestra amiga Áurea Juárez, nos enseñó el museo y nos encantó. 

Cuando estábamos comiendo yo comenté que tenía planeado irme la próxima semana unos días a Venecia y Natalia, la madre de la familia, me dijo que ellas habían estado hace años y que les había maravillado. También me comentó que para un artista es importantísimo salir y conocer nuevas culturas y ver cosas nuevas. Y que antes lo tenía súper presente pero que hacía tiempo que no salían y que se le había olvidado lo que era. Y desde entonces no dejo de preguntarme ¿Cuándo va a volver a viajar esta gente por gusto? 

Siempre que me voy de disfrute y despilfarro hay una parte de mí que se siente un poco culpable.

Desde hace unos años, cada vez que viajo pienso en los exilios, en los viajes obligados, pienso en J, en mis alumnos del CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Melilla, en los niños que se han ido de nuestra Escuela del Vidrio por huir a Estados Unidos. Porque sí, es huir, Magdalena Hernández (tengo un directo pendiente con ella) me tatuó esta frase sin saberlo: “de Centroamérica no nos vamos,  huimos. Nadie quiere dejar todo porque sí”. 

Qué lujo y qué rabia da saber que hay miles de millones de personas que tienen que vivir esto. Elena Fortún, Cristina Peri Rossi y miles de escritores que han hablado de huir, de esas “raíces al aire”, de esa sensación de no poder volver nunca a casa. Porque está derruida, a lo mejor no tu casa, pero sí el cine al que ibas los domingos. Pienso en cómo sería para mí. En lo desgarrador que tiene que ser dejar a tu padre, en cómo tiene que ser dormir en la bañera por los bombardeos. En cómo se les ponen los pelos de punta cada vez que se les pasa por la cabeza, sin quererlo, todo lo perdido.

Y es que cada vez que lo pienso me doy más cuenta que sí que son musas. Que todo lo que pueden sentir se intuye sin que tengan que decirlo.

El escritor colombiano José Asunción Silva en su libro De Sobremesa hablaba de “pedirle la fuerza necesaria a los viajes”. Y es verdad que los viajes dan una fuerza especial, siempre estamos planeando la siguiente escapada, es lo que nos mantiene calientes, no hace falta ni siquiera tenerlo organizado, simplemente tenerlo en la mente, como una menta, como algo que en algún momento llegará, y por lo que merece la pena trabajar y estudiar.

Pero ¿qué pasa cuando son los mismos viajes los que te quitan toda fuerza necesaria? 

Continúo con mi historia de Natalia, me dijo que Venecia era preciosa y que cuando fueron se compraron unos pendientes de murano ideales que tenían papel de oro por dentro, luego le cambió la cara y me dijo que se los había dejado en casa, en Ucrania. 

Normalmente no nos hablan mucho de lo de antes, porque obviamente no quieren, nos pasamos el día hablando de a qué empresas hablar para enviar sus CVs, en los papeles que tienen que conseguir, en la casa que tendremos que alquilar para ellas. No hablamos de las pocas maletas que han traído, no hablamos de su padre, ni de los amigos que se han tenido que quedar en el país, no hablamos de su casa, de sus cuadros, de las fotos, de los zapatos y de todas las cosas que han dejado. No hablamos de melancolía, no hablamos de incomodidad, de tener que ser maja y simpática todo el rato aunque por dentro estés en la mierda. No hablamos del shock causado. Ni de todos los planes y viajes que no harán.

Tenemos nuevo proyecto y en ese plural entras tú, porque te necesitamos, te necesitan. Porque hay miles de necesidades y por ente, de posibilidades de ayudas. 

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